Spider Forest (Song Il-gon, 2004)

Thriller sobrenatural endiabladamente enrevesado. Es la definición que mejor le cuadra a ‘Spider Forest‘, y, además, un género muy habitual en las producciones que nos llegan de Corea del Sur. Este tipo de cintas son deudoras de la obra de cineastas como David Cronenberg o David Lynch pero también del cine de terror asiático clásico: historias lentas y morosas, que impelen al espectador a completar el dibujo de un puzzle que parece no tener solución.

‘Spider Forest’ narra de manera dislocada la historia de dos crímenes pasionales, que ocurrieron en el mismo sitio, el bosque de las arañas del título, pero separados por varias décadas. El director, Song Il-gon, primer realizador coreano que ganó un premio en el festival de Cannes con su cortometraje ‘Picnic’ en 1999, utiliza múltiples referencias para construir esta cinta, que van desde el clásico de Chris Marker ‘La jetée’ hasta cintas de terror basadas en cuentos populares como ‘En compañía de lobos’, pasando por el cine de fantasmas japonés, que impone la desidia de su cadencia a un film que avanza muy lentamente. El problema es que nunca averiguamos hacia dónde.

Pues ése es el gran pero que se le puede poner a esta propuesta, que, ideada como ejercicio de estilo, obtiene unos resultados notables: el director no abusa del efectismo en el que suelen caer otros, incapaces de ofrecer una puesta en escena tan sólida, y crea secuencias de innegable belleza, como la de la despedida en el aeropuerto o las localizadas en la tienda de fotografía. La pega es que esa puesta en escena se nos antoja un gran cascarón, un castillo de aire que encierra un silencioso vacío en su interior. No es que la historia conduzca a un callejón salida (aquí, como es habitual en muchas cintas coreanas, no hay gran sorpresa final), sino que la prodigiosa construcción visual enmarca la nada más absoluta.

‘Spider Forest’ no va sobre el peso del pasado, sobre el amor o sobre la violencia. No, todos estos elementos están al servicio de las imágenes del film, pero las imágenes no sirven para reflexionar sobre ninguno de ellos. Por eso, es una película doblemente frustrante, porque los elementos fantásticos sirven al director para no tener que explicar los hechos inexplicables que se suceden a lo largo de la cinta, y porque, por ello, ésta se convierte en un estilizado puzzle, pretencioso y vacuo. Al menos, permanecerán dando vueltas en nuestra cabeza la belleza de sus imágenes y la búsqueda de una explicación a la existencia de ese bosque de las arañas, tan parecido a otros escenarios de cuentos infantiles que seguimos recorriendo en sueños de vez en cuando.

Nota: 6/10

Lo mejor: la leyenda que rodea la existencia del bosque de las arañas

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