301, 302 (Park Cheol-su, 1995)

Las mujeres que cocinan son peligrosas. Porque, ya que deben decidir todos los días qué plato preparar, pueden empezar a pensar por si mismas. Y esta situación las conducirá inevitablemente a pensar por qué cocinan todos los días. El principio de una revolución silenciosa que empieza en la cocina y que tendrá dramáticas consecuencias en la vida familiar.

“Las mujeres son muy extrañas: cocinan, comen y luego vomitan”. Ésta es la afirmación que lanza el inspector de policía que investiga una misteriosa desaparición en un moderno edificio de apartamentos de Seúl. La premisa del clásico moderno ‘301, 302‘ es precisamente esa: dos mujeres que subliman sus problemas con la comida. Una de ellas, 301 (en referencia al número del apartamento en el que vive) está obsesionada con la cocina y se pasa el día preparando sofisticadísimos platos que desea compartir con su vecina, 302, que resulta ser una escritora bulímica que no puede digerir ningún alimento.

‘301, 302’ es una cinta de alcance universal pero, al mismo tiempo, se entiende mejor si se conoce un poco la sociedad coreana y los vertiginosos cambios que ha vivido en las últimas décadas. En los flashbacks que nos revelan la adolescencia de 302, descubrimos que sus padres poseían una carnicería. Hasta no hace demasiado, en Corea, ser carnicero se consideraba deshonroso. Por ello, el ascenso de la protagonista a una clase media acomodada deviene en una reflexión sobre la flexibilización de las fronteras entre clases sociales. Asimismo, la historia de 301 revela la occidentalización del país, resumida de manera brillante en el progresivo cambio en los platos que prepara, que culmina con su visita al supermercado, en el que toda la comida es limpia y aséptica, en comparación con el caótico mercado tradicional coreano que frecuentaba anteriormente. Curiosamente, en este mercado, se pueden contemplar perros expuestos para su consumo, lo que provoca un fuerte contraste con el perrito que ella posee y cuyo aciago destino parece definirse en esta secuencia.

Como otras películas asiáticas de la época, ‘301, 302’ reflexiona sobre la sociedad de la que parte pero tomando como modelo el cine de autor europeo, en especial el cine francés: por momentos, la cinta se convierte en un ‘Delicatessen‘ (bloque de pisos, obsesión por la comida) rodado con la ambigua y ácida visión del último Claude Chabrol, que se especializó en diseccionar con la precisión con la que un gran chef prepara su plato estrella la cotidianidad, hasta descubrir la crueldad que alberga. Al añorado director galo también remite un final antológico que, en cierto modo, recuerda al de ‘La ceremonia’: la violencia es la única salida posible a la terrible represión burguesa que asola nuestra época.

Nota: 9/10
Lo mejor: un final no por predecible menos impactante.

2 comentarios sobre “301, 302 (Park Cheol-su, 1995)

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