The greatest love/Best love (2011)

Hay dos escenas en ‘The greatest love‘ que quizás hayan pasado desapercibidas a casi todos sus espectadores pero que revelan las intenciones del penúltimo trabajo de las hermanas Hong: reflexionar sobre los K-Dramas, como una de esas películas de “cine dentro de cine”, determinando su funcionamiento y cómo los percibe el público. Puede que el envoltorio de mero producto de entretenimiento de esta serie impida a muchos llegar hasta el relevante sustrato que oculta su interior pero, si se sabe leer entre lineas, el mensaje es más que evidente.

La primera de las escenas es aquella en la que el médico Yoon Pil Joo, interpretado por Yoon Kye Sang, le enseña a la protagonista, Goo Ae Jung, soberbiamente interpretada por Gong Hyo Jin, un punto de acupuntura en el brazo que, al presionarse, hace que nos sintamos mejor. En la segunda escena, el inefable Dokko Jin, personaje por el que seguramente Cha Seung Won pasará a la posteridad, está viendo en su televisor gigante un variety show de formación de parejas en el que interviene su adorada Goo Ae Jung. Aunque ya había asistido al rodaje, el programa hace que se sienta mal, pues ve cómo la mujer de la que está enamorado es emparejada con Yoon Pil Joo. Dokko Jin exclama “con ese montaje y esa música da la sensación de ser un romance de verdad”.

‘The greatest love’, como la mayoría de K-Dramas, tiene el amor como eje central: Dokko Jin, una histriónica megaestrella del cine, se enamora de Goo Ae Jung, una antigua idol que se ha hundido en los más denigrantes abismos del entretenimiento surcoreano: variety shows en los que es humillada, bolos en discotecas de tercera fila… Esta relación a priori imposible es el eje de esta historia en la que se dan cita todas las constantes del K-Drama: el chico toalla, ese personaje masculino que bebe los vientos por la protagonista y que, inevitablemente, será rechazado por ella, la mala, aquí Kang Se Ri, interpretada por Yoo In Na, una antigua compañera de grupo de la protagonista y, para más inri, ex-amante de Dokko Jin, los secundarios cómicos, la alternancia entre situaciones cómicas y dramáticas, por no hablar de los rasgos estilísticos: caligrafía visual muy sencilla, abuso de primeros planos o de cámara lenta en los momentos edulcorados, baladas que se repiten hasta la náusea…

Y es que estos atributos no pueden separarse de la idiosincrasia de los K-Dramas, pero, por una vez, las hermanas Hong los justifican con las escenas mencionadas más arriba: la música, el montaje, son necesarios para que estas series causen la honda impresión que provocan, una idea de que el mundo es un lugar hermoso en el que ningún romance es imposible y todos los amantes, por distintos que sean, pueden llegar a reunirse. Todo ello con el fenómeno de la Ola Hallyu de fondo, sobre la que las hermanas Hong también reflexionan con una inusitada crudeza para una serie surcoreana, después de malbaratar la oportunidad que tuvieron para hacerlo en la fallida ‘You´re beautiful’ (2009), en la que retrataron a sus protagonistas, una exitosa banda de K-Pop, con excesiva condescendencia y benignidad.

La pareja protagonista encarna como nadie los dos lados de la fama en Corea: por un lado, el de las glamurosas superestrellas a las que todo el mundo adora, y, por otro, el de los que se quedaron atrás, aquellos artistas que triunfaron en un momento dado y que, por un motivo o por otro, ya no cuentan con el favor de un público siempre ansioso de caras nuevas. ¿No es curioso que, para completar esta reflexión, varios de los actores sean antiguos idols (Yoon Kye Sang, ex-miembro de G.O.D, Lee Hee Jin, ex-componente de Baby V.O.X)? Pues, mientras Corea del Sur intenta exportar la Ola Hallyu hasta el último confín del planeta, los ídolos se siguen sucediendo frenéticamente, sin que a (casi) nadie le importe su destino final.

Pero a pesar de todas las penurias que soporta la malograda idol Goo Ae Jung, el amor, ese momento en el que se suceden los primeros planos de los amantes y se escucha más alto una música empalagosa, siempre triunfa en los K-Dramas, que para las hermanas Hong son el punto que hemos de apretar para sentirnos un poco mejor. Por eso, nos ofrecen el mayor romance que podían concebir, una historia épica y, a la vez, cotidiana, a la ya quisieran acercarse de refilón los guionistas norteamericanos, que hace tiempo agotaron el filón de la comedia romántica. Pero no nos engañemos, el escapismo de ‘The greatest love’ no tiene nada que ver con el de otras propuestas similares: es igual de dulce, pero es un caramelo envenenado, que destapa un mundo feo y sórdido una vez empezamos a rascar en su azucarada cobertura.

Nota: 9/10
Lo mejor: ¡Soy Dokko Jin!

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