A Man Who Was Superman (Jeong Yoon-Chul, 2008)

¿Qué pasaría si Superman no existiese? Imposible. Superman existe. Solo que es probable que no sea el asombroso héroe de la capa y las mallas ajustadas que sobrevuela los rascacielos de Metrópolis. Quizás vive discretamente en una granja amish. O puede que haya perdido parte de sus poderes (no así su heroicidad) y se haya trasladado a Seúl.

En el magnífico cómic ‘JLA: El clavo’, su autor, Alan Davis, establece la posibilidad de un mundo de Superman. Pero, si no existe Superman, ¿de dónde salen el resto de los héroes? ¿Cómo pueden ayudar a los simples mortales si el que inspiró su creación nunca existió? En esta historia, los superhéroes parecen un tanto perdidos y abrumados por el mal que pretende exterminar a la humanidad hasta que Superman aparece en una granja amish. Su nave se estrelló allí, y no ha abandonado ese lugar desde entonces. Cuando decide sumarse a las fuerzas del bien después de que un abyecto villano acabe con la vida de sus padres adoptivos, los demás héroes parecen encontrar su fuente de inspiración, su lugar en el mundo, y, todos juntos, acaban con las viles fuerzas que amenazan la tierra.

Del mismo modo, el director Jeong Yoon-Chul juega en ‘A man who was Superman‘ con este icono de la cultura popular norteamericana, algo que se les da muy bien a los directores coreanos, planteando la historia de un hombre (brillantemente interpretado por Hwang Jung-min) que antaño fue Superman pero que acabó perdiendo sus poderes y su identidad superheroica y que ahora ayuda como puede a la gente en apuros de las calles de Seúl. Una desganada periodista (interpretada por la Diosa de la nación, la gran Jun Ji-hyun) se decide a descubrir si este personaje es un loco del montón con delirios de grandeza o algo más. Nuestra reportera se obsesiona con este sujeto y hasta sueña que es su Lois Lane particular, cuyo objetivo es ayudarle desde su humilde posición de altavoz de las espectaculares aventuras del mayor de los héroes.

La cinta está planteada en su inicio como una comedia disparatada plagada de situaciones ridículas para, a medida que avanza el metraje, virar hacia un drama de proporciones bíblicas y hacerte llorar como una magdalena. El hermoso canto al heroísmo cotidiano en el que se convierte el final de la película sólo tiene un problema: el enrevesado pasado del protagonista, en el que, para que el espectador suelte una lagrimita, se suman tragedia tras tragedia, hasta convertirle en una de las personas más desgraciadas del planeta. Pero, claro, ¿no es para ser desgraciado que tu mundo y todo lo que contenía hayan sido reducidos a cenizas y que tengas la obligación de ayudar a la humanidad por culpa de tus superpoderes? Ya sabemos que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y Superman, como padre espiritual de todos los superseres, tiene la responsabilidad más grande: debe dar ejemplo y salvar vidas, ya sea en Metrópolis, Seúl o Torres de la Alameda. A los que piensan que es posible que no exista Superman, esta película les enseñará que, allí donde se manifieste el heroísmo, Superman seguirá existiendo. La humanidad sigue necesitada de héroes, ya tengan estos superpoderes, ya trabajen en una granja amish o ya sean confundidos con iluminados en las populosas calles del Seúl contemporáneo.

Nota: 8/10
Lo mejor: el sueño americano de la protagonista, un original homenaje a la mitología de Superman.

2 comentarios sobre “A Man Who Was Superman (Jeong Yoon-Chul, 2008)

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