Beautiful (Juhn Jai-hong, 2008)

“La belleza, como el dolor, hace sufrir”, asegura Thomas Mann en ‘La montaña mágica’. La belleza no es solamente una consideración superficial, es una fuerza imparable que proviene de un plano de existencia superior pero que logra invadir y asolar nuestra Realidad en forma de revistas de moda, películas o programas de televisión. Se hace tan cotidiana que a veces no le otorgamos la importancia que merece. Porque la belleza puede ser como una enfermedad venérea, que se transmite de quien la posee a quien la observa de manera fulminante y que provoca una agonía indecible. Esto es justo lo que plantea ‘Beautiful‘ una delirante cinta en torno a la belleza que cuenta con el sello inimitable del autor por excelencia del cine surcoreano reciente, Kim Ki-duk.

‘Beautiful’ es el debut en la dirección de Juhn Jai-hong, que, como todos los ayudantes del director de ‘Primavera, verano, otoño, invierno… Y primavera’, se pone detrás de las cámaras por primera vez en solitario con un argumento de su mentor. La historia es uno de esos surrealistas dramas de cámara propios de Kim: unos pocos personajes que dan vueltas y más vueltas alrededor de un argumento poco plausible que deviene en absurdo. Aquí todo gira en torno a una bella mujer (Cha Soo-yeon), que provoca violentas pasiones en todos los hombres con los que se cruza, y, cual involuntaria femme fatale, llevará a la perdición a un apocado policía (Lee Chun Hee) que se obsesiona con ella.

Como los últimos argumentos de Kim Ki-duk, ‘Beautiful’ arranca de forma prometedora pero adolece de un desarrollo acorde con las expectativas creadas, esbozando ideas que no llevan a ninguna parte y sumando artificiosas secuencias que parecen conducir a ninguna reflexión profunda y trascendental aunque no llevan a ningún sitio. Sin embargo, el director logra dar empaque visual a una propuesta tan desangelada, recreándose en la belleza inalterable de la actriz protagonista, que, a pesar de no ser tan irresistible como nos intenta hacer creer el tramposo guión, acaba encarnando esa belleza funesta que condena al que la soporta y a todos los que le rodean de la que hablaba Thomas Mann.

En resumen, una película maniquea, pretenciosa, absurda y, a pesar de todo lo anterior, bella.

Nota: 5/10
Lo mejor: una vez que se deja de lado la absurda peripecia del guión, puede llegar a disfrutarse.

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