Peppermint Candy (Lee Chang-dong, 2000)

Peppermint Candy poster

Imagínate que, en medio de la plenitud de tu existencia, cuando has salido de la convulsa adolescencia pero no has alcanzado la edad adulta, cuando eres todavía joven y tienes sueños que todavía pueden cumplirse, cuando te encuentras en tu mejor momento físico y mental, tu vida queda en suspenso durante 21 meses. Debes servir al Estado, que te reclama para su ejército porque, aunque no lo parezca, vives en un país en guerra. Y no puedes hacer nada para librarte: evitar la mili (o intentarlo siquiera) te acarreará no solo problemas con la ley, también el ostracismo social.

Peppermint Candy‘ no es solamente una excelente película: es una película necesaria. En Corea del Sur, todos los hombres han de cumplir un servicio militar obligatorio que dura dos largos años, pero apenas se habla de esta herida abierta en medio de sus vidas en el cine surcoreano. Y, aunque aparezca en muchas cintas como una mera anécdota, muy pocos cineastas se han atrevido a reflexionar seriamente sobre el tema. Y menos con una perspectiva tan descarnada como la que utiliza Lee Chang-dong.

El autor de ‘Poesía‘ o ‘Secret Sunshine‘ nunca elige ni temas ni perspectivas fáciles para sus películas. Mientras un director comercial, como el eficiente Kang Hyung-Chul, opta por una visión amable del tema en la comedia ‘Speed Scandal’, Lee opta por una visión mucho más dura, narrando la historia de un hombre que no puede superar los traumas que le causa el servicio militar y su vida, antaño luminosa, se va dirigiendo poco a poco al desastre.

Antes de tener que sumarse a las filas de un ejército frío y deshumanizado, en el que los hombres son reducidos a un número, independientemente de sus cualidades, el protagonista, encarnado por un superlativo Sol Kyung-gu, es un joven lleno de esperanza en el futuro. Pero, después de acabar accidentalmente con la vida de una muchacha durante unas maniobras, es como si toda su vida se dejase dominar por la violencia: se convierte en un policía siniestro y corrupto y parece estar destinado a un final abrupto y violento, ya que no puede superar esta experiencia, por mucho que intente regresar a los días luminosos de su pasado.

La reunión de sus compañeros de instituto, en la que él aparece de improviso, y el tren que avanza inexorablemente a lo largo del metraje, dan la medida de la brillantez de Lee, que, en estas dos sencillas metáforas, es capaz de condensar las ideas principales de la cinta, uno de sus mejores trabajos, que le colocó por primera vez en el panorama de los realizadores imprescindibles de cualquier latitud. ‘Peppermint Candy’ es una película incómoda y, por ello, es una isla dentro del cine coreano, bastante acomodaticio cuando se trata de reflejar temas que puedan dañar la imagen del país. La mayoría de coreanos sigue siendo demasiado patriota como para mostrarse demasiado crítico con determinados aspectos de su tierra. Por eso, Lee Chang-dong no es sólo un cineasta imprescindible, también increíblemente valiente. Y eso es lo que lo convierte en uno de los grandes autores del cine coreano contemporáneo.

Nota:9/10
Lo mejor:la belleza de algunos de sus pasajes, a pesar de lo descarnado del tema que trata.

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