Hide and Seek (Huh Jung, 2013)

Hide and Seek 2013

Hide and Seek‘ es una película que juega con la dualidad de forma constante. No sé si era la intención del director Huh Jung, pero en su brillante debut ha conseguido una de las más despiadadas radiografías de las diferencias de clase bajo la forma de un thriller estilizado y efectista. El contraste comienza con la elección de un genero a priori comercial y la crítica social subyacente. Pero el grueso de esta duplicidad está en sus imágenes.

Contiene Spoilers

La primera secuencia que lo ilustra es aquella en la que el protagonista contempla a un miserable mendigo bajo la lluvia desde la calidez y la pulcritud del café que regenta. Su obsesión por la limpieza y el orden, en especial en la comida, recuerdan poderosamente al clásico ‘301, 302‘, así como el ambiente urbano y sombrío hace referencia a la obra de Park Chan-wook o Bong Joon-hoo pero también a cintas de terror japonesas como ‘Dark Water’.

La dualidad continúa en el argumento, en el que un burgués acomodado de aspecto impoluto busca a su desaparecido hermano, que habita un sórdido apartamento en un bloque de los barrios bajos que va a ser demolido. Esta vivienda pequeña y sucia es comparada constantemente con la espaciosa y aséptica casa del protagonista, que vive en un barrio mucho más elegante. La traumática visita de la familia burguesa al barrio humilde es el primer encontronazo de clases sociales tan alejadas como cercanas en el espacio. El realizador no tiene un atisbo de piedad con los personajes y retrata a la familia pudiente como superficial, materialista y egoísta, en especial los dos insoportables niños, que se alejan del estereotipo de infantes angelicales tan habituales en el cine coreano.

La ironía del argumento se subraya cuando descubrimos que el protagonista fue adoptado por una familia acomodada, es decir, que provenía de ese medio social que ahora le asquea y que, además, se desembarazó de su hermano, hijo biológico de sus padres adoptivos, acusándole de un crimen que no cometió. Su patológica pulcritud es un escondite de este vergonzante secreto.

Pero los pobres tendrán su oportunidad para la revancha. Después de ser acosados durante toda la cinta por un misterioso motorista vestido de negro que podría ser el hermano ausente, la familia recibe en su propio domicilio la inesperada visita de una vecina del bloque de pisos próximo a ser derruido, que resulta ser el motorista, y que subsiste ocupando las casas de otras personas, aunque tenga que matarlas primero. Es el asalto por la fuerza del estrato de los desheredados a los privilegios de los ricos. La escena en la que la mujer pobre se “traviste” con las ropas de la esposa rica es el momento en el que ambos mundos se mezclan irremediablemente.

Al final, el status quo inicial será restaurado y los ricos conservan sus carísimos apartamentos de diseño mientras un destino incierto se cierne sobre las casas de los pobres. Pero el ambiguo desenlace, en el que vemos a la hija de la villana escondida en un rincón de la casa burguesa, parece decirnos que la batalla definitiva de esta guerra desigual y eterna está lejos de producirse.

Nota: 8/10
Lo mejor: la icónica villana y la tensa y estilizada puesta en escena

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