26 Years (Jo Keun-hyung, 2013)

26 years korean film

No sé si ‘26 Years‘ es, desde el punto de vista de un no iniciado en el tema, una buena película. Supongo que como película de acción no está mal. A mí nunca me ha gustado el cine de acción. Pero el género es irrelevante para que considere esta película una de las mejores cintas coreanas de los últimos tiempos. Quiero creer que es una película “necesaria” en el sentido de que hay cintas que, más allá de su calidad cinematográfica, nos incitan o nos ayudan a reflexionar sobre determinados temas sobre los que no se habla lo suficiente. Y, aunque no lo sé a ciencia cierta, creo que en Corea el tema de las víctimas de las últimas dictaduras no se toca demasiado, como pasa aquí con las del régimen de Franco.

’26 Years’ narra la historia de cinco dispares personajes que se unen motivados por un odio común: el que sienten por Chun Doo-hwan, el dictador que ordenó la matanza de Gwangju, en la que se calcula que murieron cerca de 2.000 personas, aunque las cifras oficiales solamente hablan de 165. Este señor tan simpático sigue vivo y permanece tranquilamente en su casa, igual que en la película, ya que un presidente demócrata conmuto su condena a muerte. La realidad no pudo hacer pagar sus crímenes a este genocida, así que el cine se toma la justicia por su mano y lo intenta en la ficción.

La cinta arranca de manera brillante con animaciones que muestran retazos de la masacre y que recuerdan a ‘Vals con Bashir’ o ‘Kill Bill’ y sigue con la enrevesada operación que se organiza para acabar con la vida de Chun, en una puesta en escena tan frenética como brillante. La imagen de Corea que se ofrece es la de un país en el que, a pesar de la esplendorosa superficie que actualmente ostentan los coreanos ante el resto del mundo, se esconden podredumbres que amenazan con echar por tierra todos los avances conseguidos hasta el momento. Se habla de la mejora de la economía, de la organización de los Juegos Olímpicos… Pero, ¿pueden consolarse con esto gentes que han visto a sus familiares morir a manos del Estado y que no ven satisfecha su sed de justicia?

El final es la demostración perfecta de una tesis: la de la imposibilidad de cambiar la historia, ni siquiera en el cine. Esta cinta es como el reverso tenebroso de ‘Malditos bastardos’ de Tarantino. Si allí Hitler moría a manos de los héroes, aquí los héroes quedan en suspenso, porque una película no puede cambiar el hecho de que no se haya hecho justicia con un dictador. Al menos, durante un par de horas, nos permitirá reflexionar sobre ello.

Nota: 8/10
Lo mejor: la necesidad de una película que se atreva a mostrar las heridas que el pasado reciente ha dejado abiertas en Corea.

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