Carta abierta sobre el artículo ‘La pesadilla del K-Pop’ de Diego A. Manrique en El País

El 14 de diciembre de 2015 se publicó en el diario El País un artículo titulado ‘La pesadilla del K-Pop‘, en el que el veterano periodista Diego A. Manrique comentaba una reciente noticia que había saltado a los medios internacionales desde Corea del Sur: el grupo de música coreana Oh My Girl había permanecido retenido en el aeropuerto de Los Angeles durante 7 horas por un problema con sus visados. Me ha sorprendido la virulencia con la que se aprovecha esta anécdota para atacar al K-Pop en general, estableciendo como la verdad lo que es más que una opinión personal, harto discutible además.

Es cierto que el espacio de Diego A. Manrique en las páginas de cultura de El País está a medio camino entre la información y la opinión, pero me parece muy reduccionistas algunas aseveraciones del citado artículo:

1) El K-Pop imita al pop mainstream norteamericano. Claro que lo hace, y también determinados productos Made in Spain como Abraham Mateo o Sweet California. Pero el K-Pop es una amalgama de géneros y referencias que van desde el Visual Rock japonés hasta el synth-pop europeo de los 80, pasando por el hip hop americano o incluso el reggaetón.

2) Los idols coreanos (nombre con el que se conoce a los cantantes) tienen “fecha de caducidad”: hay artistas y grupos de los que se engloban en la “Ola Hallyu” en activo desde hace cerca de una década, y todos tienen mucho más de 20 años, de hecho, hay idols que debutan con casi 30, aunque haya una buena parte que son muy jóvenes, un reflejo del público al que van dirigidos.

3) “Su paso por la fama apenas se note en su cuenta corriente”. No es cierto. Una de las consecuencias de la Ola Hallyu es que muchos de estos grupos se conviertan en megaestrellas a nivel mundial, por lo que tienen su futuro más que asegurado, continúen o no en el mundo del espectáculo. Es cierto que hay precariedad en la industria debido a que la Ola Hallyu también ha supuesto una burbuja, es decir, al incrementarse la demanda, la oferta ha crecido exponencialmente y se han creado decenas de pequeñas compañías y grupos con escasos recursos, que intentan triunfar con el mismo ahínco que los que provienen de las grandes compañías del entretenimiento. Y, en ocasiones, incluso lo consiguen. No hay que olvidar que Corea, como otros países asiáticos, es una sociedad muy competitiva por muy diversas circunstancias (por ejemplo, el hecho de que Corea tenga la población de España en el territorio de Portugal, lo que exacerba las ansias de destacar).

4) Tampoco es verdad que el impacto del K-Pop se limite a Asia: por poner un ejemplo, hace un par de semanas, un grupo surcoreano (B1A4) ofreció un concierto en Madrid (no es el primero de K-Pop que se organiza en España y, mucho menos, en Europa) con una asistencia bastante más numerosa que la que se puede encontrar en muchos espectáculos de figuras de renombre internacional. Puede aseverarlo porque he asistido a todo tipo de conciertos regularmente.

Por eso, puedo añadir que el K-Pop, en lo estrictamente musical no es “un horror”: no es ni mejor ni peor que la música popular que se confecciona en cualquier país para empaquetarse y venderse. De hecho, podríamos considerar que es ligeramente superior a la media, ya que se beneficia de más recursos y talento: productores americanos, compositores escandinavos (los mejores en el pop actual, según los expertos), amén de un batallón de estilistas, diseñadores gráficos, fotógrafos o directores de videoclips que han convertido el K-Pop en una estética de referencia. Y no se puede negar que el K-Pop se ha convertido en un referente en si mismo para el resto del pop mundial, así lo consideran desde productores de moda como Diplo a artistas españoles como Lucy Paradise.

El motivo de escribir esta carta es la reiteración de textos que contienen una visión distorsionada o negativa del K-Pop en este periódico. Ya escribí una carta sobre el artículo titulado ‘A lomos de la ola coreana‘ (8 de septiembre de 2013), que se publicó en la sección de Cartas de los Lectores el 29 de septiembre de 2013. Y, aunque supongo que este tema no será relevante para una mayoría de lectores de El País, para aquellos que apreciamos el K-Pop y la cultura coreana en general, es doloroso ver cómo se vilipendia de forma completamente gratuita una manifestación de la cultura popular tan digna como otra cualquiera. Como fan, soy el primero en establecer una distancia con el producto cultural que consumo, y soy crítico con el apoyo estatal (el “poder blando” del que habla el artículo) y la industria que cobijan al K-Pop, pero hay que recordar que es un fenómeno que se ha desarrollado sobre todo a través de la viralidad de sus productos en Internet (algo bien estarán haciendo, al fin y al cabo) y no de las tradicionales estrategias de promoción de la cultura, públicas o privadas.

Para cerrar esta carta, sobre la historieta protagonizada por el grupo Oh My Girl, me sorprende que un periodista serio y riguroso se haga eco de un rumor, a todas luces malintencionado, y además culpe al grupo protagonista de expandirlo. Según posteriores informaciones, parece ser que el problema no fue con los visados sino en la aduana, por la cantidad de equipaje que llevaban las chicas. Un maestro de la profesión periodística como es el señor Manrique sabrá que los rumores se expanden en la red como la pólvora, para bien o para mal. El K-Pop es terreno abonado para maledicencias por la descarnada competencia entre fandoms antagónicos.

O sea, que todo el artículo está construido en base a una niñería. Pero, como adultos que somos, creo que el periódico más leído del país puede tomarse un fenómeno en alza como la cultura popular coreana un poquito en serio.

Rubén León

Un comentario sobre “Carta abierta sobre el artículo ‘La pesadilla del K-Pop’ de Diego A. Manrique en El País

  1. Hola!

    Me ha encantado tu respuesta al artículo, creo que te has expresado muy bien y con las palabras adecuadas.
    Sinceramente, solo leí el texto del País por encima, porque ya he leído otros del mismo estilo, insultando el k-pop sin conocerlo y aprovechando cualquier oportunidad para meterse con los seguidores de este género y los grupos/cantantes que lo protagonizan. Aunque, como decía, me ha gustado mucho tu post y estoy completamente de acuerdo contigo, creo que no merece la pena prestarle atención al tal Manrique, porque está claro que siempre va a haber gente que piense así, sin pararse a pensar 2 veces lo que está escribiendo.

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